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La innovación depende de las personas

La plataforma ERALAN 2, financiada por el Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España Francia Andorra, de la que ya se ha hablado en varias ocasiones, sigue adelante, desarrollando diferentes proyectos en la euro-región, con el objetivo de impulsar la innovación y la competitividad en las empresas de dicho entorno. En esta ocasión, MIK-Enpresagintza, en colaboración con ESTIA (École Supérieure des Technologies Industrielles Avancées), han realizado un estudio acerca de la colaboración entre centros de Formación Profesional y pymes como una vía de acercar la innovación a las empresas más pequeñas.

Según múltiples estudios realizados, el tamaño de la empresa es uno de los factores que influye en la capacidad de innovación. Las grandes empresas, ya sea con sus propios medios o acudiendo a otros agentes, pueden acceder a la innovación; mientras que las pymes -más del 90% del tejido empresarial en Euskadi (Eustat, 2011)- por falta de recursos y visión a largo plazo, tienen verdaderas dificultades para dedicarse a cualquier tema que requiera posponer su actividad diaria.

En este contexto, se han identificado buenas prácticas en varios centros de Formación Profesional. Dichos centros, además de colaborar con empresas de su entorno para garantizar a sus alumnos las prácticas profesionales, apoyan y ofrecen soluciones a las empresas en función de sus necesidades, demostrando así la profunda capacidad que tienen en cuanto a infraestructura y conocimiento y generando también una transferencia de conocimiento interorganizacional importante.

Tras realizar un análisis detallado de las experiencias de dos modelos de colaboración entre centros de FP y empresa, se ha diseñado un nuevo protocolo de actuación el cual combina los puntos más fuertes de cada uno de ellos, para poder implantar un modelo similar y transferir esta buena práctica a otras zonas geográficas, en este caso, a la comarca del Bidasoa e Iparralde.

Lo que se pretende con este modelo es impulsar la innovación en las pymes, mejorar los procesos de producción y/o los productos, incidir en la transferencia tecnológica y del conocimiento entre diferentes organizaciones y experimentar, en los centros, innovaciones que sean transferibles a las empresas. Así como, ofrecer formación específica y personalizada en función de las necesidades de cada empresa.

El nuevo protocolo se divide en 4 fases, que son las siguientes. En la primera fase, de selección, donde se identifican y se eligen los posibles participantes del proyecto. Posteriormente, está la etapa de preparación, en la cual se realiza una labor intensa de difusión del modelo y las experiencias anteriores, así como la coordinación de los diferentes agentes involucrados en el proyecto (principalmente, empresas y centro/s). En la tercera etapa, la de ejecución, se desarrolla el proyecto concreto entre la empresa y el centro, que va a tratar de dar solución a una necesidad concreta de ésta (mejora de procesos, investigación de materiales, entre otros). Y, finalmente, la evaluación, tanto del proyecto, desde el punto de vista del centro y la empresa, como del propio modelo.

Como resultado preliminar de esta fase de estudio de la transferibilidad del modelo, se concluye que para desarrollar un proyecto así lo principal es estar abiertos a colaborar; creer que las relaciones con diferentes agentes nos van a permitir la transferencia de conocimiento, generar sinergias, etc. En este sentido, el modelo es sólo uno de los posibles mecanismos para acercar la innovación a las empresas más pequeñas, pero para garantizar el éxito del mismo, hay un factor esencial a tener en cuenta: las personas.

Cada una de las organizaciones participantes estará formada por un equipo de personas con cualidades propias y una cultura empresarial particular y tendrán que asumir ciertos compromisos, responsabilidades, riesgos y actitudes si quieren favorecer el desarrollo del modelo. Es más, estos rasgos serán vitales para que exista mayor probabilidad de que el modelo sea exitoso. Ahora bien, ¿estaríamos dispuestos a implicarnos y comprometernos, basándonos en la confianza y la comunicación transparente, para participar en un proyecto de tal envergadura? La innovación pasa por plantearse retos, y la respuesta afirmativa a esta pregunta constituye un reto.